artrosis cervical

¿Qué es la artrosis cervical y cómo afecta al día a día?

Hay una palabra que aparece en muchos informes de resonancia magnética de pacientes con dolor cervical y que genera reacciones muy distintas según quien la lea. Esa palabra es artrosis cervical. Para algunos pacientes, verla escrita supone un alivio — por fin hay un nombre para lo que les pasa. Para otros, es una sentencia — algo irreversible, progresivo, con lo que habrá que convivir para siempre.

Ninguna de las dos reacciones es completamente acertada. La artrosis cervical es una realidad clínica frecuente, pero ni es tan grave como muchos temen ni es tan benigna como algunos minimizan. Entender qué es, cómo se manifiesta y qué se puede hacer con ella es el punto de partida para manejarla de forma inteligente.

Qué es la artrosis cervical y por qué aparece

La artrosis es el proceso de desgaste del cartílago que recubre las superficies articulares. En la columna cervical, las articulaciones que más la desarrollan son las articulaciones facetarias — las que unen las vértebras por la parte posterior — y las articulaciones uncovertebrales, específicas de la columna cervical y situadas en los bordes laterales de los discos.

Cuando el cartílago se desgasta, las superficies óseas que debería proteger quedan expuestas. El hueso reacciona formando crecimientos óseos — los osteofitos, popularmente conocidos como picos de loro — como mecanismo de adaptación para distribuir mejor la carga. Este proceso puede estrechar los agujeros de conjunción por donde salen las raíces nerviosas, comprimir la médula espinal o simplemente generar inflamación y dolor en las propias articulaciones.

La artrosis cervical aparece por varias razones que se combinan en proporciones variables según cada paciente. El envejecimiento es el factor más universal: a partir de los 50 años, los cambios degenerativos en la columna cervical son prácticamente universales, aunque no todos producen síntomas. La genética tiene un peso relevante — hay familias con mayor predisposición al desgaste articular. Las lesiones previas, especialmente los latigazos cervicales, aceleran el proceso degenerativo en los niveles afectados. Y los factores mecánicos — trabajos con carga cervical prolongada, posturas mantenidas, sobrepeso — contribuyen al desgaste a lo largo de los años.

Un dato importante que en consulta explicamos siempre: la artrosis cervical en las pruebas de imagen no equivale automáticamente a dolor. Hay personas con cambios artrósicos importantes en la resonancia que no tienen ningún síntoma, y hay personas con dolor cervical intenso y limitante cuya imagen muestra cambios mínimos. La correlación entre imagen y dolor no es lineal, y eso tiene implicaciones directas sobre el tratamiento.

Cómo el desgaste cervical afecta a la movilidad y la calidad de vida

Cuando la artrosis cervical es sintomática, su impacto sobre la vida cotidiana puede ser muy significativo, especialmente cuando no está bien tratada.

La rigidez es el síntoma más universal. La columna cervical pierde progresivamente su amplitud de movimiento, especialmente en la rotación y la extensión. El paciente nota que girar la cabeza para mirar por encima del hombro requiere más esfuerzo, que inclinarse hacia atrás genera dolor, que por las mañanas el cuello tarda en arrancar. Esta rigidez puede limitar actividades tan cotidianas como conducir, trabajar con el ordenador o simplemente mantener una conversación mirando a alguien.

El dolor es el segundo síntoma en frecuencia. Puede ser un dolor sordo y constante en la zona cervical posterior, un dolor que empeora con determinados movimientos, o episodios agudos de reagudización que aparecen tras esfuerzos, cambios de temperatura o períodos de estrés. La intensidad es muy variable: hay pacientes que describen una molestia manejable que no interfiere demasiado con su vida, y hay pacientes con dolor que limita el sueño, el trabajo y las relaciones sociales.

Cuando los osteofitos comprimen las raíces nerviosas, aparece el dolor irradiado al brazo — la cervicobraquialgia — con todos sus síntomas asociados: hormigueo, entumecimiento, debilidad. Y cuando la compresión afecta a la médula espinal — lo que se denomina mielopatía cervical — pueden aparecer síntomas más graves como dificultad para caminar, torpeza en las manos o alteraciones en el control de esfínteres. Esta última situación es menos frecuente pero requiere evaluación urgente.

Más allá de los síntomas físicos, la artrosis cervical crónica tiene un impacto sobre la calidad de vida que va más allá del dolor. El cansancio acumulado de vivir con dolor, las limitaciones en las actividades de ocio, la dificultad para dormir y la dependencia de analgésicos generan un deterioro del bienestar que en consulta vemos con mucha frecuencia y que forma parte del cuadro clínico que hay que tratar.

Por qué la artrosis cervical no siempre produce los mismos síntomas

Esta variabilidad es uno de los aspectos de la artrosis cervical que más confunde a los pacientes, especialmente cuando comparan su experiencia con la de otra persona con el mismo diagnóstico.

La artrosis cervical puede afectar a diferentes estructuras y niveles, y cada combinación produce un perfil de síntomas diferente. Una artrosis que afecta principalmente a las articulaciones facetarias produce un dolor posterior que empeora con la extensión y la rotación. Una artrosis que afecta a las articulaciones uncovertebrales puede comprimir las raíces nerviosas y producir cervicobraquialgia. Una artrosis con osteofitos que reducen el canal cervical puede producir síntomas medulares.

Además, el grado de desgaste visible en la imagen no predice bien la intensidad del dolor. Dos pacientes con el mismo grado de artrosis en la resonancia pueden tener experiencias completamente diferentes: uno con dolor leve y buena función, y otro con dolor intenso y gran limitación. La diferencia está en factores que la imagen no captura: el estado de la musculatura, el umbral de dolor, el nivel de estrés, la calidad del sueño, los factores psicosociales.

Esta variabilidad tiene una implicación práctica importante: el tratamiento de la artrosis cervical no puede ser genérico. Tiene que estar orientado a lo que cada paciente concreto necesita, no a lo que dice el informe de la resonancia.

Qué tratamientos conservadores existen y cuándo no son suficientes

El tratamiento de la artrosis cervical sintomática comienza habitualmente con medidas conservadoras, y en muchos pacientes estas medidas son suficientes para conseguir un control eficaz del dolor y recuperar la función.

  • Fisioterapia especializada. Es el pilar del tratamiento conservador. La terapia manual, la movilización articular, el trabajo de estabilización cervical y los ejercicios de fortalecimiento de la musculatura profunda del cuello mejoran la función articular, reducen la tensión muscular compensadora y pueden disminuir significativamente el dolor. La constancia es clave: la fisioterapia produce resultados sostenidos cuando se mantiene en el tiempo, no cuando se hace en ciclos puntuales.
  • Tratamiento farmacológico. Los antiinflamatorios son útiles en las fases de reagudización para reducir la inflamación articular. El paracetamol puede ser suficiente para el dolor crónico de intensidad leve a moderada. En pacientes con dolor neuropático — cuando hay compresión radicular — pueden añadirse fármacos específicos para este tipo de dolor. El uso prolongado de antiinflamatorios debe monitorizarse, especialmente en personas mayores.
  • Calor local. La aplicación de calor en la zona cervical reduce la tensión muscular y puede aliviar el dolor articular. Es una medida sencilla y eficaz para el manejo cotidiano de los síntomas, especialmente por las mañanas cuando la rigidez es mayor.
  • Modificación de hábitos y ergonomía. Corregir la postura en el trabajo, ajustar la estación de trabajo, mejorar los hábitos de sueño y mantener un nivel adecuado de actividad física son medidas que contribuyen de forma significativa al control de los síntomas a largo plazo.

El tratamiento conservador no es suficiente cuando el dolor es intenso y persistente a pesar de haberlo aplicado correctamente durante semanas, cuando hay síntomas neurológicos significativos, cuando el impacto sobre la calidad de vida es grave, o cuando el paciente ha desarrollado una dependencia de analgésicos que no está resolviendo el problema de fondo.

Cómo la unidad del dolor puede actuar cuando el desgaste genera dolor crónico

Cuando el tratamiento conservador ha llegado a su límite, las opciones que ofrece una unidad del dolor pueden cambiar significativamente la situación del paciente.

  • Infiltraciones ecoguiadas en articulaciones facetarias. La inyección de corticoide y anestésico local directamente en las articulaciones artrósicas reduce la inflamación local y puede producir un alivio significativo que dura semanas o meses. Se realiza bajo control ecográfico para garantizar la precisión. En muchos pacientes, una serie de infiltraciones permite romper el ciclo de dolor y recuperar la función suficiente para que el tratamiento rehabilitador sea eficaz.
  • Radiofrecuencia de las articulaciones facetarias cervicales. Es el tratamiento intervencionista con mayor evidencia para el dolor de origen facetario. Consiste en aplicar calor controlado sobre los nervios que inervan las articulaciones artrósicas, interrumpiendo la transmisión de las señales de dolor. El alivio suele ser significativo y puede durar entre seis meses y dos años. Cuando el dolor reaparece, el procedimiento puede repetirse. Es especialmente valioso en pacientes con artrosis cervical crónica que han agotado las opciones conservadoras.
  • Bloqueos radiculares. Cuando hay compresión de raíces nerviosas con dolor irradiado al brazo, el bloqueo selectivo de la raíz afectada con corticoide reduce la inflamación perirradicular y puede producir un alivio duradero que evite o posponga la cirugía.
  • Neuromodulación. En casos de dolor cervical crónico refractario, especialmente cuando hay componente neuropático establecido, algunas técnicas de neuromodulación pueden ser útiles para reducir la sensibilización del sistema nervioso y mejorar el control del dolor a largo plazo.

La artrosis cervical no tiene cura en el sentido de revertir el desgaste. Pero el dolor que genera sí tiene tratamiento eficaz. Y ese matiz — que no podemos devolver el cartílago pero sí podemos controlar el dolor — es el que cambia la perspectiva del paciente cuando lo entiende bien.

El desgaste del cuello no es una sentencia. Es una realidad que tiene tratamiento, y ese tratamiento puede conseguir que el dolor deje de ser el protagonista de la vida del paciente. La clave está en no resignarse y en encontrar el enfoque adecuado para cada caso. Contáctanos.

Directora médica en Medicina Del dolor
Dra. Carmen De Andrés es directora médica en Medicina del Dolor en Valencia.
“Nuestro objetivo es mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes mediante una atención completa e integral de su dolor”
Dra. Carmen De Andrés